_ • 07-11-1932

 

Conocido boticario y uno de los primeros que se establecieron en Traiguén.
Lo encontramos en nuestra ciudad en 1894 asociado al señor Woenkhaus, quien ya poseía una botica en el pueblo. Dos años más tarde adquirió la botica al señor Andrews, la que en adelante se llamará “Botica del Pobre” y permanecerá hasta un par de años después de su muerte, acaecida en 1932.

Entre tanto, en 1896, don Jacinto compró la propiedad en la que 10 años más tarde mandó a levantar su casa (y que llevó a cabo el constructor don Walterio Beecher), en el actual Santa Cruz 944. Su botica también estuvo ubicada (antes de 1906) en dos sitios: en lo que fue hasta unos años el Supermercado Orellana, y en lo que hace más tiempo fue “El Serrucho”.
En aquellos años, las boticas eran muy numerosas (había más que las farmacias actuales) y la convivencia entre los boticarios no era todo lo pacífico que se pudiera desear: así, a fines del siglo XIX, mientras Muñoz anunciaba en los periódicos ser el único boticario universitario, los demás lo acusaban de práctica ilegal de la medicina.

La Botica del Pobre ha pasado a la historia como uno de los sitios predilectos de los traigueninos de esos años y muchas historias se tejieron allí: quedó comprobado, en el juicio citado, que los consejos que entregaba eran más de médico que de boticario; se sabe además que don Jacinto preparaba algún mejunje con cuero de culebras. Debieron ser efectivos esos consejos y esos mejunjes, pues es la botica de más larga data en nuestra ciudad.

Algunos de los objetos con los que trabajó los conserva Mario Muñoz Ramos, descendiente directo suyo: hemos visto algún mortero, objeto que no deben ni imaginar las nuevas generaciones.
Más allá de su botica, don Jacinto no tuvo (al parecer) mucha participación social: se lo ha citado en la conformación de la Compañía de Bomberos en 1904 (su botica fue presa de llamas en el gran incendio de 1896), y en la formación del Club Social en 1906.

Fuente: Christian Mardones.